DISCURSO A LOS JOVENES DEL DÍA DE MUERTOS
Muy Buenos Días, amigos míos, jóvenes que conformamos la Facultad de Humanidades, mi nombre es Luis Daniel Monterrosa y es un gusto para mi el día de hoy tener la oportunidad de hablarles de una de la tradiciones más añejas más representativas de la cultura mexicana, me refiero al Día de Muertos.
Esta celebración de cada 2 de Noviembre en toda la República Mexicana en diferentes formas pero con un mismo fin, recordar a aquellos que ya no están con nosotros en vida. Festividad que posee un toque de alegría y de unión al establecer un puente entre la vida y la muerte, entre el presente y el pasado. Es tan grande la tradición que desde de noviembre del 2003, la UNESCO declaró la festividad mexicana como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Pero no todos los mexicanos celebran el día de muertos, algunos aún no entienden el verdadero significado de esta tradición cultural y optan por festejar el llamado Halloween, que ha sido integrado a nuestra cultura casi desplazando los ancestrales ritos del Día de Muertos.
Es Día de Muertos en México, los niños no saben bien qué hacer, si salir a pedir "calaverita" como lo hicieron sus padres, con una caja de cartón recortada a forma de calavera y una vela encendida, o salir a pedir Hallowen al estilo de los niños en Estados Unidos, con disfraces de monstruos y fantasmas. La convivencia comercial entre ambos países ha ido borrando de la memoria de los niños mexicanos el festejo de sus difuntos. México, debido a su cercanía territorial, ha sido muy influenciado por esta tradición ajena.
La fiesta de muertos está vinculada con el calendario agrícola prehispánico, el primer gran banquete después de la temporada de escasez de los meses anteriores se compartía hasta con los muertos. En la cultura Náhuatl se consideraba que el destino del hombre era perecer. El culto a la muerte es uno de los elementos básicos de la religión de los antiguos mexicanos. Para los pueblos prehispánicos la muerte no es el fin de la existencia, es un camino de transición hacia algo mejor.
En cambio, el Halloween fue iniciado por los Celtas hace miles de años, en los Estados Unidos la fiesta como tal no comenzó a celebrarse masivamente hasta 1921. Ese año se celebró el primer desfile de Halloween. Su internacionalización se produjo hasta los años 80’s gracias a las series de televisión.
Uno de los ingredientes infaltables del día de muertos son los altares mexicanos, gran expresión cultural; sobre ellos se encienden velas de cera, queman incienso, colocan imágenes cristianas: un crucifijo y la virgen de Guadalupe. Colocamos retratos de nuestros seres fallecidos, alimentos propios de la región, en Chiapas no faltan los tamales. Bebidas embriagantes o vasos con agua, jugos de frutas, panes de muerto, adornados con azúcar roja que simula la sangre. Galletas, frutas de horno y dulces hechos con calabaza.
Adoptar tradiciones ajenas nos habla de una incapacidad por reconocer la verdadera riqueza que nuestra cultura posee. No hay nada de malo en conocer el Halloween, es más, habla bien de nosotros el conocer las diferencias entre estas dos tradiciones, pero nos quedemos con lo mexicano, debemos voltear a ver nuestra cultura, nuestras festividades, ya que somos nosotros los que fortalecemos nuestras propias tradiciones. Una tradición cultural nos identifica a nivel mundial y nos fortalece como mexicanos.
Aunque los festejos de ambas costumbres no coinciden en el calendario, actualmente es común ver una fiesta de Halloween el 1 ó 2 de noviembre en México, cuando en Estados Unidos se celebra la noche del 31 de octubre.
Por todo esto invito a todos los jóvenes a conocer la tradición, a ser parte de esta fiesta tan representativa mexicana, a no creer que solo nuestros padres y abuelos pueden realizar esta festividad, nosotros los jóvenes tenemos en nuestras manos el futuro de esta tradición, no la dejemos perecer frente al Halloween, no la dejemos en el olvido o de lo contrario seremos nosotros mismos los que nos habremos olvidado y parte de nuestra cultura mexicana desaparecerá.
Los invito a arreglar el altar familiar, a colocar la ofrenda para los difuntos, a dar una vuelta por los panteones para visitar, no solo a nuestros difuntos sino a los difuntos de amigos y conocidos, para permanecer con ellos. Los invito a hacer una reflexión, a recordar algunas anécdotas acerca de las cosas que aprendimos de nuestros familiares fallecidos cuando en vida, nos dieron algo que ahora nosotros podemos retribuirles. Estas acciones reafirmaran nuestra tradición, además nos hará a nosotros los jóvenes formar parte de la cultura mexicana.

